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La República de Sudáfrica es un país ubicado en el extremo meridional de África. Limita con los países de Namibia, Botswana, Zimbabue, Mozambique y Suazilandia. Johannesburgo es la capital financiera y económica de Sudáfrica y al mismo tiempo la ciudad económicamente más importante de todo el continente africano. En tanto centro capital constituye un fiel reflejo de lo que es el país, en donde a la fecha subsisten las llagas sociales que genero el Apartheid, forma extrema del racismo que se impuso en esta región del mundo. El apartheid es una palabra de origen africano que significa separar, apartar, excluir, y que el Partido Nacionalista de Sudáfrica implemento como ideología racial en el país africano desde 1948, casi al termino de la Segunda Guerra Mundial, provocada también por el racismo de la supuesta raza aria superior (lo que confirma que la guerra no eliminó el racismo pues subsiste hasta la fecha en muchos países que conservan partidos políticos con ideología fundada en una falsa pureza de raza) construyendo una estructura jurídica cuya finalidad expresa consiste en precisar los componentes raciales y étnicos con base en lo cual se establecieron espacios geográficos, sistemas educativos, medios de transporte, áreas de convivencia, procedimientos jurídicos y multitud de tratos diferenciados para los grupos raciales identificados, a saber, blancos, mestizos, indios, y negros. Esta política racial construyó una segregación social en todos los ámbitos de la vida, de tal suerte que incluso veinte años después de que legalmente fue abolida, sus efectos subsisten hasta la fecha. Hay que considerar también que Sudáfrica fundamenta su crecimiento en un sistema de producción plenamente capitalista, de tal manera que al más puro estilo neoliberal se reproducen las practicas de concentración territorial, financiera y económica en unas cuantas manos y la marginación de la gran mayoría de la población, no casualmente de piel obscura, que continua viviendo en condiciones de pobreza extrema. Se ha generado también una nueva elite económica de raza negra que sin embargo tampoco logra insertarse plenamente con la raza blanca propietaria de grandes extensiones de tierras fértiles, de industrias, de minas y de los centros bancarios y financieros. Así es el país en donde a partir del 11 de junio se llevará a cabo una edición más del campeonato mundial de futbol, a efectuarse por primera vez en el llamado continente negro. Millones de dólares se invierten para generar ganancias también multimillonarias en un país en donde, conforme estadísticas reconocidas internacionalmente, el 43% de los sudafricanos viven con menos de dos dólares al día, en donde el desempleo alcanza en promedio el 40% pero que afecta hasta cerca del 60% de sus ciudadanos de raza negra. El negocio del futbol como espectáculo atrae a miles de visitantes, lo que supone una derrama económica importante para ese país. Tan solo en México se habla de más de diez mil personas que gastarán en promedio ciento cincuenta mil pesos por viaje y a nivel general se espera la asistencia de aproximadamente 400 000 turistas durante el mes que dura el mundial. Pero los recursos generados no llegan a las grandes capas de población. Por el contrario, la construcción de estadios implica la reutilización del espacio físico, en algunos casos la demolición de edificios que operaban con fines sociales y la inversión de cifras de mas de seis dígitos en dólares y euros para levantar los edificios en donde se efectuarán los juegos, siendo incierto el uso que tendrán concluidos los juegos; magnos recursos financieros que podrían destinarse a atender las necesidades de la empobrecida sociedad sudafricana. En el fondo lo que se aprecia es el uso político del deporte, en este caso del futbol, pero que también se presenta con lo Juegos Olímpicos y con cualquier evento deportivo internacional. Así sucedió en su momento con el Campeonato Mundial de rugby que le permitió al primer Presidente sudafricano negro, Nelson Mandela, proclamar la unidad nacional. Pero como ya apuntamos, a pesar del aparente fin del apartheid, subsisten, racismo, pobreza, marginación. En el caso particular de México la manipulación de las justas deportivas es también una constante, cada grupo político trata de sacar provecho; así, una televisora habla y promueve a la “selección azteca” en lugar de llamarla selección nacional; un partido político habla de la selección verde y maneja los otros colores de la bandera como complemento al verde; en tanto que, “casualmente”, en la selección actual los tradicionales colores de la selección verde que imitan los de la Bandera Nacional han sido substituidos por la playera de color negro; y en el colmo de la manipulación se promueve un comercial televisivo en donde el técnico Javier Aguirre pretende equiparar el inicio del proceso de Independencia Nacional de 1810, el movimiento revolucionario iniciado con el grito de “Sufragio Electivo, No Reelección” en 1910, pretende digo, equipararlos con la participación de la selección mexicana que competirá en Sudáfrica en este mes de junio, como si el futuro del país dependiera de ganar un campeonato mundial; posibilidad ésta que se ve bastante lejana con una equipo que nos recuerda a los que un periodista, Don Manuel Seyde (1914-1994), popularizó como los “ratoncitos verdes” desde la década de los 70’s del siglo pasado. Por cierto que el entrenador “nacional” que hoy pretende que los ratoncitos verdes salven a la patria y nos proyecten como país con futuro glorioso en el siglo XXI, es el mismo que hace algunos meses mencionó a la prensa internacional que no pasaremos del onceavo lugar, que el nivel de los equipos de primera división de México es mediocre y que él prefería trabajar en el extranjero. No obstante ello, hoy se oferta como un vendedor de la esperanza nacional, como promotor de la ilusión de ser algo mas que los eternos perdedores y, se exhibe, junto con los jugadores, al lado del Presidente al que miles de mexicanos consideran ilegitimo, espurio e incompetente. Presidente de la República que olvidándose de la “guerra” que le declaró al narcotráfico, de la estela de muertos que conlleva, de la huelga de hambre de obreros electricistas, del conflicto laboral en Cananea, de la intervención creciente de la iglesia en asuntos políticos, de la inflación que genera su política económica, de los fraudes electorales que se implementan para cercanas elecciones, decidió ir a presenciar el juego de fútbol hasta Sudáfrica, con la esperanza, supongo, de que un triunfo, un papel decoroso, le permitan un respiro ante la inconformidad social que prevalece en el país por su política económica, social y laboral que afecta a millones de mexicanos. Es decir la esperanza puesta en la vieja consigna de dar pan y circo, ahora disminuida sólo a circo, por que los salarios ya no alcanzan ni para el pan y el otro PAN es percibido como reaccionario y antinacional. “Pensar Bien, Para Vivir Mejor”
Puebla de Zaragoza, junio, 2010 Barrio San José
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